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sábado, 9 de junio de 2012

EL CEMENTERIO DE MIERES (Asturias)

Hace unos día trabajando por la zona denominada “LA MONTAÑA CENTRAL DE ASTURIAS” recalé en la villa de Mieres, donde no pude resistir la tentación de visitar el Cementerio de Mieres,  que tiene la particularidad de tener aún separados tanto el Cementerio Católico del Cementerio Civil.


Y es que la Cuenca minera del Caudal, reúne una serie de cementerios  con mucha singularidad, no tanto del tipo escultórico como se suelen ver en Facebook, donde todo el mundo pone el acento en este aspecto, sino que los cementerios de la zona mierense reúnen otra serie de peculiaridades que van desde sus ubicaciones, encaramados en muchas ocasiones en las empinadas laderas del valle, o sus singulares construcciones, clonando de alguna manera la urbanización del espacio industrial y minero que se da en la zona, como se puede observar en el Cementerio del de Turón, u otras “curiosidades” como las placas a los “mártires” por manos de la revolución del 34.
Cementerio de Turón (Escenario de la Revolución del 34)

Sin olvidar la tumba-cementerio del evangélico y prohombre industrial Numa Guilhou  en la zona de Baiña, frente a lo que fue su fabrica.

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Portada Cementerio “católico”


El Cementerio de Mieres reúne todos los requerimientos de las tipologías de los cementerios de la zona, en general construidos con gruesos muros de piedra, y cuyas portadas de entrada suelen ser construidas en base de ladrillo, como se puede ver en la foto.

Sin embargo la portada del Cementerio Civil aledaño al principal, presenta una portada más historicista, aunque ignoro los datos de construcción de uno y otro.

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Portada de Cementerio “civil” de Mieres.


Lo primero que hacemos es asomarnos al Cementerio Civil de Mieres, cuyo recinto es un largo rectángulo donde cogen apenas unas cien tumbas o menos, lo cual llama la atención de que en una zona tan “roja” como esta,  que en el archivo histórico municipal, se trate desde 1939 los requerimientos para colocar cruces, pues haya tan poca gente laica enterrada en la zona.


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Distintas vistas del Cementerio Civil de Mieres


En la visita , vemos en algunas tumbas los aditamentos mineros de los fallecidos:


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Y
 entre todas esas tumbas está la dedicada al lider minero  y sindical socialista: MANUEL LLANEZA,


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Al recuerdo de Manuel Llaneza le cantó una canción otro famoso mierense: Victor Manuel
Muere el sol y la tarde
mientras subo camino
del cementerio,
a dejar unas flores,
una carta, una queja,
y si acaso algún rezo
trae la tarde recuerdos
de aquellos tiempos
y me llega el murmullo
del rio negro.
Tu sabes que el minero
si no le pinchan
nunca es guerrero
tú sabes que gritamos
porque estamos cansados
de ser pequeños,
de que inventen batallas
los viejos perros,
que anteayer se pusieron
collares nuevos.
Desde que tú te fuiste,
Manuel Llaneza
desde que tú te fuiste,
solo hay silencio..
Tú sabes que en el tajo
paleando tierra
solo pensamos
en la muyer y el guaje
y trabayar como burros
para estudiarlos,
pa que no baje al pozo
si yo no puedo,
que para eso su padre
ya fué minero.
Tú sabes que los trapos
en nuestra casa
hay que lavarlos,
y luchar cada día,
para que las cosas
cambien de estado,
y a las voces de fuera
yo no me presto
pa que ganen su gloria
con nuestro esfuerzo.
Desde que tú te fuiste,
Manuel Llaneza
desde que tú te fuiste,
solo hay silencio..
Tú fuiste un buen paisano,
y ganaste la vida
con tu trabajo,
y pa hacer la justicia,
no llevaste en la mano
piedras ni palos,
que a nosotros nos sobran
cantos extraños,
y nos falta tu mano
para guiarnos.
Desde que tú te fuiste,
Manuel Llaneza,
desde que tú te fuiste
Tras visitar el recoleto cementerio civil, pasamos al Cementerio “católico” o generalista que recoge enterramientos de todo tipo, ideología, y religión:
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EL Cementerio y sus tumbas “extrañas” y tumbas “infantiles”
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Nicho-Prensa
 IMG_1016Panteón en donde reposan los restos del francmasón José Fernández Robles. Simbólico : Cazalla. Maestro Masón en la logia Nueva Luz de Oviedo  1880. Secretario del Ayuntamiento de Mieres.


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Trabajo escultórico modernista de  R. Martínez, un marmolista de Oviedo, tal trabajo  se plantea como una copia de otro trabajo del arquitecto Arturo Sordo.


Tumba de Vital Aza
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Textos y fotos@ Víctor Guerra

jueves, 17 de mayo de 2012

"El cementerio El Salvador de Rosario (Argentina) Una forma de continuar el paseo funerario español"

Estilos españoles heredados en el contexto de la inmigración

Esta historia situada en la “pampa gringa” , así tradicionalmente llamamos a ese espacio y momento histórico donde un fuerte movimiento inmigratorio proveniente de Europa pobló nuestras desoladas y extensísimas tierras, con la mirada puesta en un rápido progreso dificultado por la deficiencia demográfica.

Interesante trama tejida a fuerza de historias de vida de inmigrantes y colonizadores españoles e italianos , que trajeron el arte y la arquitectura funeraria y urbana, herencia de estilos, técnicas , usos y costumbres que la burguesía local, rosarina adaptaba ávida de progreso y con las características que dan las prácticas y el uso y disponibilidad de recursos locales..

El panteón Melitón Ibarlucea, hijo de uno de los primeros inmigrantes españoles que se registran en nuestra ciudad, da cuenta de estos indicadores que nos remontan a un pasado no tan lejano, el siglo diecinueve, donde el cementerio es un sitio para explorar lo inexplorado a la vez que en reflejo veraz del escenario inmigratorio gracias al cual la ciudad es hoy magnífica herencia de inmigrantes.

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La ciudad y El cementerio El Salvador.

La ciudad de Rosario es una ciudad ubicada geográficamente al sur de la Provincia de Santa Fe, en la zona medular de la República Argentina.

El primer cementerio de Rosario fue un camposanto en el terreno que rodeaba la primitiva capilla de la ciudad donde hoy se encuentra la Catedral. Siguiendo un patrón que sobrevivió en casi todo el mundo cristiano hasta finales del siglo XVIII, los pobladores del Pago de los Arroyos enterraron a sus muertos dentro de la capilla. Según distintos descubrimientos arqueológicos se puede afirmar que entre 1731 y 1810, los entierros se produjeron cerca del altar, con un criterio que aún no reproduce entre los difuntos ni jerarquías, ni diferencias sociales.

Cuando Rosario se declaró ciudad, en agosto de 1852, el cementerio estaba situado sobre la  barranca del río Paraná, en la manzana comprendida hoy por las calles Corrientes, Paraguay,  Jujuy y la prolongación de calle Brown.

El Salvador se bendijo el 7 de Julio de 1856, y se erigió como un cementerio monumental por influencia de tradiciones arquitectónicas y urbanísticas europeas.

La ampliación y el proyecto de un propileo y dos pórticos neoclásicos para el ingreso del Cementerio (realizados por el arquitecto Oswald Menzell, 1889) dieron dignidad representativa a lo que en aquel momento era un paraje distante y hoy es el parque Independencia.

. A finales del siglo XIX en El Salvador se popularizó la construcción de importantes panteones familiares, de gran valor artístico y arquitectónico. La calle central, nomenclada como “calle 6” es un conglomerado de panteones que distraen la atención del caminante por su aspecto monumental y al conocedor de la  arquitectura y el arte por los estilos que denotan la intervención de artistas famosos del siglo  diecinueve. Sobre esta calle, en un sitio privilegiado está ubicado el panteón de la familia Melitón Ibarlucea.
 
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Ficha Técnica:
PANTEON FLIAR, CLASE
1 SERIE 2 NRO 3
Están inhumados en el su esposa, MELITON IBARLUCEA, RITA ALCACER DE IBARLUCEA, hijos y demás miembros de la familia.

Este panteón, de construcción sobria reproduce la arquitectura ecléctica del momento histórico. Herencia de arquitectos europeos formados en sus lugares de origen y contratados por familias en su gran mayoría de ascendencia española o italiana.

Su plano está firmado por el arquitecto Alejandro Christophersen en el año 1897 en Buenos Aires y se desconoce la fecha de su construcción, caso muy común en nuestros cementerios.

Su estilo neoclásico, tal como lo describe el arquitecto Gustavo Fernetti quien nos asesoró), exhibe en el scutum central el nombre de la familia y su propietario, la clásica inscripción PAX en el frontis y remata con una cúpula donde puede leerse IHS que significa Jesús Salvador de hombres.

Se aprecian la simbología clásica del arte funerario local, coincidentes con la herencia de cementerios españoles como las antorchas invertidas, querubines en mármol de carrara en su interior, con facciones que distan un poco de las tradicionales, y las coronas neoclásicas que el arquitecto que hizo una lectura de éstos símbolos, nos interpreta como coronas esquineras que se repiten en las hojas de las puertas, probablemente adquiridas en forma independiente.

Y aquí es momento de hacer una reflexión: estilos arquitectónicos, eclecticismo iconográfico, materiales locales, y el sello indiscutible del academicismo francés, típico de profesionales que construían monumentos locales inspirados en Europa.

Este eclecticismo, que se puede observar en fotos de este sector del cementerio, también tiene su correspondencia en los materiales locales que se utilizaban, que eran los disponibles y tal vez no tan onerosos, y de las técnicas de construcción de ésta parte del mundo. Este escenario, nos remite nuevamente a la inmigración española , ya que los obreros eran en su mayoría españoles, italianos y pocos de otras nacionalidades, y de los arquitectos, como dijimos hacían un trabajo cuyo producto final era construcciones funerarias casi idénticas a las que podemos ver en cementerios españoles, pero con un sello local que otorga por un lado la supervivencia de las identidades de origen y por el otro, la lenta adaptación a los recursos locales, lo cual toma la construcción un sello distintivo, donde si bien se observan claramente estilos europeos, también se deja ver la técnica del trabajador, que estaba viviendo y reproduciéndose en un sentido profesional en tierras nuevas.
Este panteón tiene una particularidad que se repite en muy pocos en el cementerio. Si observamos las fotos del interior, vemos dos lozas, una de mayores dimensiones a la izquierda del observador. Estas losas nos conducen a la cripta donde descansan los ataúdes en especies de”catres” de mármol. Y se accede a ellos por medio de un ascensor, que en realidad funcionaba como un descensor donde los ataúdes eran bajados por personal del cementerio , ante la mirada dolorida de los familiares y amigos.
Estos ascensores hoy no funcionan, fueron comunes a principios del siglo veinte y finales del diecinueve y un elemento oneroso pero útil y hasta digno, ya que de ésta manera se evitaba bajar por un lugar en declive excesivo o por escaleras los féretros al interior de la cripta.
Para este caso, lamentablemente, se hallan selladas las entradas hacia el subsuelo, y la puerta que conduce al ascensor también se encuentra cerrada y sin posibilidades de momento de acceso. Estos ascensores funcionaban con un sistema de poleas que le daban al ritual funerario características propias. Ritual que hoy se reproduce en los llamados cementerios jardines, donde el ceremonial actual contempla unos “descensores” manuales hacia las sepulturas en tierra ante la mirada del cortejo que acompaña al difunto.

Con respecto al “scutum central” con el nombre de la familia, en El Salvador la tradición indica que así sea, muy pocos panteones familiares exhiben el nombre de damas, solamente aquellos en que aquella no tenía familia, y también con una trayectoria importante por detrás, en general profesionales, artistas, educadoras, como Dolores Dabat, Josefina Prelli, y algunas otras, o bien cuando el viudo le hacía erigir un panteón en homenaje a su esposa.

También es asombrosa la pulcritud del panteón, hoy en manos de personal contratado, pero en otras épocas, cuando las familias visitaban a sus muertos los domingos, como parte de la rutina, munidas de material de limpieza y criadas se las podía ver a las Sras. de la sociedad, a sus niños, y a los hombres (no abocados a ésta tarea, naturalmente), que dejaban al panteón en condiciones impecables de orden y limpieza en claro homenaje a sus difuntos.

En cuanto a la ornamentación, también están presente el clásico vitreaux policromático, antorchas de épocas desconocidas, especies de porta- macetas de épocas más recientes, lo que nos da nuevamente la idea de que al incorporar elementos posteriores a la construcción, en este caso decorativos, se iba transformando la apariencia del recinto, en un especie de eclecticismo intra-muros asimilable al ya relatado de la construcción.

Alejandro Christophersen, arte funerario y urbano.
El arquitecto Alejandro Christophersen también construyó la casa familiar de Melitón Ibarlucea, este arquitecto llegó a la Argentina en el año 1887, muy joven, rondando los veinte años ya graduado en París. Nacido en Cádiz, España, en el año 1866 y fallecido en el año 1946 en Buenos Aires, recibió una exquisita formación y esmerada educación alentada por su padre, cónsul de Noruega, Suecia y Dinamarca, quien por sus obligaciones consulares alternaba con los sectores más selectos de la sociedad rosarina.

“ Su paso por la escuela parisina tiene lugar en los años 1885 y 1886, luego de su graduación en la Escuela de Arquitectura y Escenografía de la Real Academia de Bellas Artes de Amberes. Adscripto al atelier Pascal, su aprendizaje se inscribe dentro de la línea post-gamieriana que por esos años se hace dominante en la Ecole, a la que pertenecen el mismo Pascal y otros profesionales como, por ejemplo, Paul Nenot, a los que Christophersen permanecerá vinculado “ (Cuadernos de historia nro 6) Este arquitecto tiene obras de gran envergadura también en el cementerio La Recoleta de Buenos Aires, por ejemplo el panteón de la familia del General Alvear, y sus obras pueden observarse en ésta capital exhibiendo notable exquisitez de detalles, como el edificio de La Bolsa de Comercio, El Palacio Anchorena ,El Santuario nacional Santa Rosa de Lima y tantos otros.

El panteón de la Sociedad Española de Socorros Mutuos fue diseñado y construido por A. Christhoperesen entre los años 1896 y 1898 en el actual cementerio de la Chacarita, otro cementerio de la Capital Federal, polo atractivo de turistas y conocedores.

Otro arquitecto de orígen catalán, Francisco i Simó, formado como profesional en la ciudad de Barcelona, proyectó el Club Español en la ciudad de Rosario en el año 1912, sitio obligado de los españoles que visitaban la ciudad, tal es así que nos honró con su presencia, se comenta que en dos oportunidades, la Reina Sofía y el Rey Juan Carlos de Borbón, así como Federico García Lorca, poeta y dramaturgo español.

Francisco i Simó también es autor de otra magnífica obra, La Casa de España, en Rosario, en la intersección de las calles Entre Ríos y Santa Fe donde el escudo de español está colocado estratégicamente en la parte más destacada de la fachada.

Familia Ibarlucea, una de las primeras familias españolas en Rosario
Nuestro “pater familia”, Don Melitón de Ibarlucea, fue comerciante destacado, incursionó en la vida política de Rosario, en el año 1876 fue Presidente del Consejo Ejecutor de la ciudad cargo. El cargo asimilable a Intendente Municipal autoridad ejecutiva máxima local.

Su esposa, Rita Alcácer de Ibarlucea y su hijo Juan Manuel de Ibarlucea fundaron la Villa Ibarlucea, actual comuna de Ibarlucea distante de Rosario a 12 kms y de Buenos Aires 316 kms.

Melitón, fue también hijo de uno de los primeros españoles en Rosario, Joaquín Deogracias de Ibarlucea que se destacó en su vida pública local.

Joaquín Deogracias de Ibarlucea (Iberlucea),español, nacido en Castro Urdiales el 23 de marzo de 1791 fue uno de los vecinos que firmó, el 21de diciembre de 1823, la solicitud al Gobierno pidiendo declarar Villa a Rosario, hasta entonces un solar, y designar patrona a la Virgen del Rosario. Casado con Antonina Alcácer, también española. nacida el 10 de mayo de 1800. hija de Miguel Alcácer, oriundo del Reino de Valencia.

Vecino de Rosario, Don Pedro Tiscornia, cuenta el historiador Carrasco que tuvo la iniciativa de hacer un listado de los vecinos extranjeros del lugar en año 1842, y encontramos el nombre de Joaquín Deogracias de Ibarlucea, con lo cual podemos afirmar que fue uno de los primeros que habitaron Rosario (Alonso Sebastián y Guspí Terán Margarita)

En los terrenos, el sitio donde está ubicado el “casco histórico de Rosario”, y donde se construyó la actual Catedral pertenecía a la familia Ibarlucea, lotes heredados por su esposa de su bisabuelo Isidro Gómez Recio, que luego heredaría su hijo Melitón que construyó su casa y fue el último integrante de la familia que la habitó. La cual fue en 1922 adquirida a sus herederos y reformada por Odilo Estévez y Firma Mayor, hoy Museo Municipal de Arte Decorativo “Firma y Odilo Estévez” (declarada Monumento Histórico Nacional en 2011).

Reflexiones finales
Contamos una historia donde actores locales, protagonistas y pioneros de Rosario se encuentran en un contexto histórico- espacial donde la presencia de las tradiciones españolas no solo marcaron tendencias, sino que sentaron las bases de las instituciones locales.

Resta mucho por descubrir sobre los vínculos que nos unen a España en materia cultural e histórica.

Humildemente consideramos que es importante consolidar lazos, rehabilitando el pasado y fortaleciendo acciones conjuntas. En una tarea de descubrimiento mutuo, tal como se vislumbra en ésta pequeña historia de grandes personajes.

Quedan muchas otras que contar, instituciones y personas ligadas a ambas naciones por honrar. La voluntad de hacerlo y el reconocimiento de esa necesidad nos respalda.

Lic. Sylvia Lillyan Lahitte Helbling, antropóloga, coordinadora del Área de Gestión, Preservación y Recuperación de cementerios municipales, Responsable para Rosario de la Red Argentina de Cementerios Patrimoniales, Rosario,República Argentina.

Información de consulta:Contacto sylvialahitte@hotmail.com
    • Fuente: Cuadernos de Historia: Nro.6
      Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas "Mario J.Buschiazzo"
      Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo
      Universidad de Buenos Aires (Abril de 1995)
      ARQUITECTURA EN LINEA© 1999
    • Alonso, Sebastián y Guspí Terán, Margarita, sin editar
    • Carrasco, Eudoro y Carrasco, Gabriel, “Anales de la Ciudad de Rosario”, Buenos Aires, 1897
    • Ielpi, Rafael Oscar, De inmigrantes y conventillos, La Capital, Vida cotidiana, Rosario, 1990
    • Http://www.pampa gringa.com.ar/Pueblos/Prov_sta_Fe/Rosario/Ibarlucea/NOTAS/hiat_Ibarlucea.htm
    • Héctor Gonzalez Day, ADACES, Asociación amigos del Cementerio El Salvador, Rosario, 2010
    • Plan Maestro para la mejora y la modernización de los cementerios municipales y del crematorio municipal, Rosario, 2011
    • Agradecemos la colaboración del Arquitecto Gustavo Fernetti, quien gentilmente accedió a brindarnos su asesoramiento.
    • FOTOSAlicia Ruiz





jueves, 3 de mayo de 2012

El negocio de la muerte

 
Foto de Javier Bergasa

Me he encontrado con este artículo que me parece interesante y que reproduzco para el general conocimiento y para romper de vez en cuando los trabajos sobre Cementerios, pues el Oriente Eterno tiene también otras dimensiones.
Víctor Guerra

Artículo de  D.Fernando J. Soto RolandProfesor en Historia
Universidad Nacional de Mar del Plata

"El pasado no tiene futuro a menos que  estemos

dispuestos a pagar por él".

(Karl E. Meyer, El Saqueo del Pasado)

"Todo sucumbe y al fin queda yerto.
Que nadie diga, ".
(Sófocles, Áyax)

Se dice que el saqueo de tumbas es la segunda profesión más antigua de la historia, después de la prostitución; y que comparten tres instrumentos de disuasión: las leyes, la moral y los peligros físicos. Tanto en una como en otra, los castigos judiciales, la culpa y los riesgos de salir herido físicamente son un hecho. Aún así, los ladrones de tumbas y las cortesanas han conseguido vencer las trabas temporales, adaptándose a cada época y autojustificándose con argumentos que, ciertas veces, pueden sonar lógicos.

El saqueo del pasado es una realidad que se ha dado, y se sigue dando, a nivel mundial. Países como Grecia, Turquía, Italia, Guatemala, India, México o Perú (por citar sólo algunos) han sufrido una permanente exportación ilegal de obras de arte y objetos arqueológicos; la mayoría de los cuales han terminado en las respetuosas vitrinas de los museos más importantes de Europa Occidental o Estados Unidos(1). Además, unos pocos miles de grandes coleccionistas privados, anticuarios y millonarios excéntricos, vienen incentivando (directa e indirectamente) excavaciones ilegales en desiertos, montañas y templos abandonados de todas las latitudes del planeta. Son la cúspide de un mercado negro y de una subcultura fascinante, poco estudiada y peligrosa.

El comercio ilegal de arte precolombino se ha convertido en una especialidad en constante crecimiento, desde hace unos sesenta años. Floreciente y lucrativo, el mercadeo de tiestos, cerámicas, bronces y esculturas talladas en piedra, posee una atracción tal que es explicable no sólo por la belleza intrínseca de las piezas que se trafican, sino por una serie de factores que las han hecho tremendamente codiciadas.

Uno de esos factores es el exotismo que suelen simbolizar. Una pieza de cerámica mochica, chancay o nazca(2), es muchas veces sinónimo de  "lo misterioso", de "cultura perdida" o, incluso, de algo hoy muy de moda: "lo étnico". Por otra parte, la exploración de nuevos sitios, hasta hace muy poco tiempo inaccesibles y desconocidos, ha generado una nueva, barata y amplia oferta de objetos, a los que se puede tener acceso sin desembolsar grandes fortunas(3). Por último, sin por ello ser menos importante, el creciente aumento de inversores en el campo del arte ha alimentado el contrabando del que hablamos.

Según señala Karl Meyer(4), los tiestos precolombinos suelen ser obras disponibles a coleccionistas de dos niveles: por un lado, existe un mercado popular de piezas de bajo precio; y por el otro, un mercado de alto nivel, dispuesto a pagar decenas de miles de dólares por objetos de alta calidad. Es esta democratización de acceso al arte americano lo que acelera y agiganta la salida de las piezas del país originario. Hoy se acepta que la mayor parte de los objetos de arte prehispánico, que se exhiben en el mundo, son producto del comercio ilegal.

En síntesis, hay suculentas ganancias en el negocio de las antigüedades, lo que origina una larga cadena de relaciones y contactos, ascendentes y descendentes, que van desde el comprador más prestigioso (incluidos los museos), pasando por el traficante (el intermediario) y llegando, finalmente, al ladrón de tumbas propiamente dicho. La puesta en funcionamiento de este mecanismo ilegal, plagado de latrocinio y soborno, contrabando e hipocresía, conocimiento y "buen gusto", configura una red inmensa que no respeta fronteras, clases sociales, legislaciones o controles aduaneros.

Los ladrones del pasado Criticados por los arqueólogos, débilmente denunciados por coleccionistas y curadores, o ineficientemente perseguidos por la policía, los ladrones de tumbas son plaga, en lo que antaño fueran territorios del Tahuantinsuyo (el gran Imperio de los Incas)(5).

En el Perú y Bolivia se los conoce como huaqueros (6) y sus actividades se desarrollan en todos los pisos ecológicos del área andina. No hay desierto, montaña o selva que no hayan sido visitados por estos conspicuos miembros de la red arriba nombrada; y constituyen el último escalón de un tráfico de vasijas y piezas únicas, que ellos mismos extraen de la tierra. Tienen distintas denominaciones en diferentes partes del mundo. En Grecia son los tymborychoi; en Italia, los tombaroli; en la India, se los llama "idol-runners"; y en Guatemala y México, son los esteleros. Pero, no importa el nombre que les dé, todos ellos se dedican a lo mismo: saquean antiguas tumbas en búsqueda de ajuares funerarios, para luego venderlos, a muy bajo precio, a los ansiosos traficantes internacionales.

Por lo general, los huaqueros desconocen el valor que tienen las piezas que encuentran. Por sólo unos pocos pesos se desprenden de ellas, ignorando los suculentos negocios que, más arriba en la escala, se realizan con las mismas. En el Perú, la tarea suele ser una empresa familiar, y a pesar de que existen huaqueros de tiempo completo, la mayoría busca enterramientos de un modo no sistemático, ni permanente. Las tareas agrícolas, que generalmente desempeñan, ayudan a que, de tanto en tanto (aunque esto es mucho más común de lo que se cree), un viejo tesoro precolombino aflore a la superficie, ante las personas menos indicadas.

Las relaciones que ocasionalmente se entablan entre los investigadores y los ladrones de tumbas son un tanto "histéricas". Ambos grupos se conocen, se rechazan y se miran como competidores; aunque, por otro lado, son conscientes del provecho mutuo que se sacan unos a otros. La historia de los últimos cincuenta años muestra que, en muchas oportunidades, han sido los huaqueros los que dieron el puntapié inicial a un gran descubrimiento arqueológico; y los traficantes los que llamaron la atención sobre un estilo ignorado, despertando así el interés de los eruditos por una cultura aún no conocida.

Muchos investigadores (profesionales y amateurs) tienen como "informantes" a huaqueros; gente que conoce el terreno como la palma de su mano y que sabe "milagrosamente" dónde excavar. Generaciones de huaqueros pululan por Cusco, Trujillo, Nazca o Arequipa, ofreciendo vasijas, entregando datos muy jugosos o, simplemente, mostrando fotografías de cerámicas bellísimas, a las que etiquetan como "originales".

Este último aspecto es un problema con el que deben lidiar los traficantes y coleccionistas de arte; y es la causa que ha impulsado a que muchos se convirtieran en verdaderos especialistas en el tema. Comprar una pieza falsa es un peligro que se corre a diario, máxime en un mundo tan competitivo y darwiniano como ese. Son asuntos de negocio y a nadie le gusta perder su dinero. Por este motivo es común que los grandes traficantes de arte precolombino sean, al mismo tiempo, buenos conocedores de las antiguas técnicas de fabricación y los mejores consultores sobre la autenticidad de una pieza.

En el Perú he tenido la oportunidad de conocer muchos "museos privados" (uno de ellos, en la ciudad de Trujillo, debajo de una estación de servicio) y mayúscula fue mi sorpresa al advertir que las piezas exhibidas eran de mejor calidad y estaban mejor conservadas que en los museos estatales. El anfitrión, un acaudalado hacendado, se despachó con maestría explicándome el alto valor de cada objeto y jactándose de poseer una de las pocas colecciones de arte erótico mochica del país(7) (el resto está en museos del exterior). Pero si bien fue muy explícito a la hora de alardear sobre sus piezas, o desarrollar una pomposa explicación académica sobre la simbología y factura de las cerámicas, se volvió taciturno y vago cuando le pregunté sobre el origen de aquella colección. "Me la traen mis cholos (labriegos) del campo", respondió con sequedad y cambió de tema.

¿Cuánta información se perdió en esas excavaciones ilegales y sin método? Nunca lo sabremos. La destrucción de los contextos arqueológicos es un verdadero drama. Datos irremplazables quedan aplastados bajo la fuerza de los picos, palas y manos, dejando mudos los testimonios materiales que se encuentran. Pero en ocasiones, el azar ha querido que algunos huaqueros sientan miedo a sus competidores y denuncien sus hallazgos.

A fines de la década de 1980, dos familias afincadas en el pueblo costero de Sipán (República del Perú) se trenzaron en una feroz batalla privada. Hubo golpes, tiros y un muerto. La causa del conflicto: veinte bolsas repletas de oro, extraídas de una tumba de origen moche, a la que habían ingresado cavando un largo túnel desde la superficie del desierto. La codicia  despertó la violencia y uno de los ladrones, temiendo por su vida, hizo la denuncia. La policía local actuó de prisa y todos los huaqueros involucrados fueron apresados. Entonces, el jefe del destacamento llamó por teléfono al arqueólogo Walter Alba (director del Museo Larco Herrera) y le mostró el material que había recuperado. Eran las piezas de oro macizo más hermosas que Alba hubiera visto jamás (collares, brazaletes, pecheras, pendientes); los restos de un antiguo ajuar funerario, perteneciente a un alto dignatario moche. Esas piezas indicaban que por la zona se había mantenido, inviolada, una tumba precolombina. Algo sumamente extraordinario.

Alba no dejó pasar el tiempo y partió hacia el lugar del hallazgo.

Pero la noticia del oro se había difundido y cientos de campesinos cavaban el desierto, destruyendo por completo el contexto arqueológico de las primeras piezas. La desilusión del científico fue enorme. Bajo sus botas yacía desparramado y destruido un yacimiento moche de incalculable valor histórico. Así todo, Alba insistió y levantó un campamento en el sitio, iniciando una excavación. Tres meses después, su esfuerzo y perseverancia fueron recompensados: la tumba de un hombre poderoso, enterrado allí hacía mil años, salió a la superficie. Era el soberano de un reino desconocido, inhumado al momento de su muerte con los servidores y objetos de poder que resaltaban su status. Era un "Gran Señor", hoy conocido mundialmente como El Señor de Sipán(8).

Este ejemplo indica claramente que, teniendo la fortuna de averiguar en dónde actúan los huaqueros, es posible obtener buenos resultados antes de que los saqueadores destruyan por completo el sitio arqueológico, llevándose los objetos que se depositaron en él originariamente. Pero, como bien dijimos más arriba, situaciones como la planteada son la excepción y no la regla. Esto se conoce muy bien en Perú, y así me lo hizo saber un viejo avezado en el tema cuando, emulando involuntariamente a Martín Fierro, me dijo: "Hágase amigo del huaquero y sus beneficios serán importantes".

Es muy posible que haya una gran cuota de verdad en esas palabras, aunque éticamente eso no convenza a muchos arqueólogos e historiadores profesionales..., al menos en público.

A la postre, el legado de los ladrones de tumbas es más de destrucción que de creación. Sus móviles son contrarios al conocimiento científico y, en la mayor parte de los casos, sus "descubrimientos" deben ser descartados (o puestos entre paréntesis) por carecer de las pruebas contextuales que enmarquen fehacientemente el lugar del hallazgo. Los sótanos de los museos están repletos de vasijas y cerámicas precolombinas descontextualizadas. Son objetos que no pueden decirnos gran cosa del pueblo que los hizo y, por lo tanto, sirven de poco. Excepto para los traficantes.

En Cusco, el nombre de Hiram Bingham es recordado con agradecimiento por historiadores, arqueólogos y operadores turísticos. Su gran descubrimiento de Machu Picchu, en junio de 1911, no sólo abrió un panorama de investigación inmenso respecto de la cultura incaica, sino que convirtió al antiguo Ombligo del Mundo en uno de los principales destinos turísticos del planeta. Pero, el buen nombre del extinto explorador norteamericano también ha recibido sus críticas.

En más de una oportunidad he leído, y escuchado de boca de grandes estudiosos cusqueños, que el "bueno" de Bingham se hizo de un pequeño tesoro personal, sacando de contrabando importantes piezas arqueológicas, no declaradas en sus excavaciones; lo que, aparentemente, lo convertiría (como se dice por aquellas latitudes) en un "huaquero con título universitario"(9).

Esta lamentable realidad está extendida en casi todos los países, pero es en los más pobres en donde el saqueo de antigüedades se practica con mayor descaro.

Las naciones subdesarrolladas no se interesan por su pasado; no hay fondos disponibles y el Estado, aunque se manifiesta en los discursos, orgulloso, agradecido y protector de sus raíces aborígenes, destina muy pocos fondos a la conservación y cuidado del mismo. Los presupuestos son ínfimos; los sueldos, a los especialistas, "de hambre" y el dinero destinado a la recuperación (compra) de bienes culturales, escaso. Lo que existe es más un interés simbólico y político por el pasado, que uno serio y académico.

"Lo bello vale dinero", pero cuando éste escasea, y debe orientarse hacia áreas de mayor prioridad, vastos sectores quedan desprotegidos, alentándose así la corrupción.
Al pasado se lo compra con moneda; y en una economía de mercado, en donde la ética está ausente y el más fuerte se devora al más débil, es el mejor postor el que se lleva los laureles..., y los objetos de arte.

¿Cómo competir con traficantes que ofrecen a los ladrones, dos, tres y hasta cuatro veces más dólares que los museos públicos latinoamericanos? ¿Cómo combatir el huaqueo, sin fondos, controles, ni voluntad política para frenarlo? ¿Qué país subdesarrollado puede tener en cada valle, cerro, desierto o selva, suficientes funcionarios honestos, para proteger el patrimonio histórico y arqueológico de la región?(10).

Este es un problema que resulta difícil de revertir, y que tiene aristas muy agudas, que van mucho más allá del campo de la historia o la arqueología. Si la situación general en que se encuentra América Latina tiende a perdurar (y nada hace prever que la cosa cambie), no habrá leyes, acuerdos o discursos políticos que impidan la "Gran Migración" del arte precolombino hacia vitrinas más lujosas y mejor protegidas, a miles de kilómetros de distancia de las tumbas en las que vieron, subrepticiamente, la luz.

El “innoble arte” de huaquear

Tanto en el desierto, en la montaña como en la selva, los huaqueros desempeñan su "arte" con maestría y sin culpa. Conocedores de los lugares apropiados, esperan las sombras de la noche para iniciar sus rituales de profanación.


En la costa del Perú aplican un método antiguo, barato y ampliamente conocido, por medio del cual, gente de lo más común, ayudan a sus economías de subsistencia vendiendo los ajuares funerarios que fueran propiedad de "Señores" y "Reyes" del pasado. Y lo hacen con el mayor descaro.

Hace unos años, en la ciudad de Trujillo, tuve la oportunidad de conocer a varios de ellos; y después de largas charlas de "ablande" (chicha de por medio) me confesaron la técnica que utilizaban para encontrar "huacos" enterrados. Me dijeron que durante el día, mientras recorren el terreno con una vara metálica larga y resistente, van clavándola sistemáticamente en la arena, sondeando el subsuelo, hasta sentir que ésta se hunde sin esfuerzo, o advertir que algo cruje y se rompe debajo de la superficie. Esa es la señal esperada. Entonces, colocan algo que identifique el sitio (un "mojón") y se retiran, para regresar por la noche (o al alba) e iniciar la excavación clandestina.

Este método, centenario y simple, está ampliamente difundido y son miles los "huacos" que se extraen periódicamente; muchos de los cuales tienen reservados, desde el principio, "pasajes de primera clase" para el exterior. El problema es que no sólo los terrenos de laboreo agrícola ofrecen vasijas precolombinas. Los yacimientos arqueológicos de imponentes ciudades aborígenes, como Chan-Chan (capital del antiguo Imperio Chimú), siguen siendo excavadas clandestinamente, destruyendo parte del Patrimonio Cultural que, en teoría, debería estar protegido(11).

Las ruinas de Chan-Chan, de casi 20 km. cuadrados de superficie, con sus palacios, plazas, murallas y viviendas populares, por entero hechas de barro, están siendo constantemente saqueadas; arrasando cimientos y haciendo desaparecer datos de vital importancia para la reconstrucción de esa sociedad precolombina. Incluso, la búsqueda de legendarios tesoros en el sitio, hace que en fechas determinadas del año se congreguen, guiados por cierta vocación mística, cientos de huaqueros a practicar sus hoyos(12).

Las creencias populares aderezan el acto de huaquear, llegándolo a convertir en una verdadera ceremonia pagana.

Por lo general, en el imaginario popular, todo enterramiento tiene la posibilidad de venir acompañado con vasijas y oro. Es este codiciado metal el que ha generado una práctica que encuentra sus raíces en las antiguas sociedades andinas, y que consiste en darle a la Pachamama (a la Madre Tierra) un "pago", en reciprocidad por las riquezas que ésta le brinda a la gente. Estos "pagos" (los cuales se realizan por intermedio de chamanes, encargados de preparar los "despachos", o conjunto de productos que se ofrecen a la Tierra) deben estar listos para cuando alguien sale a huaquear.

Según se comenta, cuando por la noche se ve arder una llama azulada sobre la ladera de un cerro, o en un claro de la selva, eso es señal de que en el sitio hay un "tapado", es decir, oro sepultado(13). Existen cientos de historias que hablan de personas que se hicieron ricas de la noche a la mañana por el sólo hecho de haber desenterrado un tesoro precolombino. Incluso se comenta que, en algunos casos, el "pago" se ha hecho con seres humanos. Inocentes cholos que han dejado sus vidas, contaminados por el misterioso "antimonio"(14); o literalmente sacrificados, al momento de desenterrar las riquezas.

¿A quién le pertenece el pasado?Aquí la controversia abarca tres opiniones bien diferentes y enfrentadas, que Karl Meyer ha sabido sintetizar perfectamente(15).

Primero, está el punto de vista del coleccionista, que se ve a sí mismo como un salvador de antigüedades, a la vez que piensa en el futuro valor que sus "protegidas" piezas adquirirán en el mercado. Después está la opinión de los curadores de los grandes museos, que llegan a justificar cualquier medio dudoso de adquisición con tal de enriquecer "la sensibilidad de su pueblo". Finalmente, está la actitud de aquellos que consideran que los monumentos antiguos (y los tiestos lo son de alguna manera) constituyen parte indisoluble del patrimonio nacional de donde se encuentran.

Tres posturas que aún se mantienen en fuerte y apasionado debate, y en el que cada una posee cierta cuota de razón. Pero, mientras los alegatos proliferan, el gran templo del pasado sigue siendo saqueado, desmoronándose y perdiendo una información que, como un libro que se quema a medida que se lee incorrectamente, no recuperaremos jamás.

Notas:(1) El curador del Museo de Cleveland, John D. Cooney, señaló a un periodista de la revista Time (26 de febrero de 1973) que el 95 % del material de arte antiguo en los EE.UU. era introducido de contrabando.
(2) Culturas preincaicas de las costas del Perú.
(3) En el Perú, por ejemplo, es posible comprar cerámica precolombina a precios muy bajos. Un "huaco" incaico, chimú o tiahuanacoide, puede ser adquirido en un valor que oscila entre los U$S 30 a U$S 50. En Europa o EE.UU. esa misma pieza puede ser revendida a U$S 1500 o U$S 2000.
(4) Véase, Meyer Karl E., El Saqueo del Pasado. Historia del Tráfico Internacional Ilegal de Obras de Arte, Fondo de Cultura Económica, México, 1990.
(5) Territorios que hoy corresponden a Perú, Ecuador, Bolivia, norte de Chile y Noroeste de la Argentina.
(6) La palabra huaquero deriva del vocablo "huaca", que en quechua significa "sagrado", pero que popularmente es utilizado para designar a los montículos o enterramientos precolombinos que poseen restos de culturas andinas hoy desaparecidas.
(7) El arte erótico mochica ha sido descrito como un verdadero Kamasutra precolombino, en relieve.
(8) El descubrimiento de esta primer tumba moche intacta dio la vuelta al mundo y amplió nuestro conocimiento sobre ese pueblo de un modo increíble. Las maravillosas piezas de orfebrería de Sipán han sido exhibidas en el Museo Nacional de Arqueología de Lima durante todo el año 1998, teniendo el autor el grato privilegio de poder observarlas.
(9) Me viene a la memoria el caso del famoso redescubridor de la ciudad de Troya, H. Schliemann, quien sacó de contrabando de Turquía el gran tesoro que erradamente denominó como "El Tesoro de Príamo"; una colección de 1000 piezas de oro que donó al Museo de Berlín. En 1945, con la caída de la ciudad en poder de las tropas soviéticas, el "Oro de Troya" desapareció. Recién en 1991 fue encontrado en un museo de la ex Unión Soviética.
(10) En México y Perú, se estima que el sueldo que percibe un cuidador de ruinas y parques nacionales ronda entre los U$S 30 y U$S 50 al mes. Precio que se paga por sólo una cerámica de mediana calidad, en el mercado negro.
(11) En las selvas peruanas, muchas ruinas incaicas, aisladas y sin control de ningún tipo vienen siendo huaqueadas desde hace décadas. En 1998, la Expedición Vilcabamba fue testigo de lo antedicho al detectar pozos de sondeo dentro de los límites de la antigua ciudad de Vilcabamba "La Vieja".
(12) Las leyendas locales hablan  del "Peje Grande", un supuesto tesoro de oro, finamente trabajado (con la forma de un pez), que viene siendo buscado desde la época de la conquista. Según se dice, "El Peje Chico" fue descubierto cuando los españoles arribaron al área en el siglo XVI, y desde entonces, el sueño de riqueza fácil, estimula el deseo de hallar la parte más suculenta de un botín aún no desenterrado.
(13) En las selvas de Vilcabamba, los escasos colonos que la habitan nos comentaron que era muy común que, después de huaquear en los restos incaicos que salpican toda la zona, encontraran pequeños ídolos de oro y plata  que cambiaban en los caseríos más cercanos por bolsas de arroz o papas.
(14) Según las tradiciones y el folclore, el antimonio es una especie de gas "que despide el oro que ha sido enterrado". Es tremendamente venenoso y se debe uno cuidar mucho de no ser sorprendido por tan peligrosas emanaciones, para no caer muerto en el acto.
(15) Meyer, K. Op.cit. pág. 182.
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viernes, 20 de abril de 2012

ARNEDILLO Y SUS CRUCES DE HIERRO (I): CEMENTERIOS RURALES ESPAÑOLES


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Cuando uno sube río Cidacos arriba, tras dejar atrás Arnedo  se llega   a la población de Arnedillo, y ese estrechamiento y arremoline del poblamiento, llama la atención el camposanto de Arnedillo, que vemos al otro lado del río, y colgado de la pétrea ladera.

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Un cementerio que llama la atención por ese encastramiento, bajo la la sombra del castillo que hubo en la zona y que aún muestra de forma orgullosa sus restos como son la torre y un trozo de lienzo de la muralla
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Se cruza pues el viejo puente sobre el Cidacos, y tras pasar la puerta nos damos con un singular cementerio  que iré tratando al menos en otra entrega.
Ahora solo quiero hacerme eco de la pequeña colección de cruces de hierro colado que pueblan este pequeño recinto mortuorio. Lo cierto es que no son muchas y están en lo que fue la parte más antigua del Cementerio, que es un cuadrado oblongo, como se dice en masonería.
E, esa parte , según se entra a la derecha, encontramos esa pequeña colección dispersa por el cementerio. Como siempre son cruces que están complementadas con las clásicas placas de metalgrafica (placa de hierro y porcelana) las cuales presentan varios motivos simbólicos:
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Con respecto a otros cementerios, aquí he visto cruces dentro de pequeños arcos, lo cual les da toda una bella esbelted, aunque es una pena el abandono que algunas de ellas muestran:

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Detalles de las cruces de Arnedillo.
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Otras tres cruces de Hierro en Arnedillo
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Dentro del conjunto de cruces , llama la atención la recuperación y la dignificación de esta cruz, que ha sido instalada en la remozada tumba  de Juan José Etxebeste Elizondo , y que recoge los fallecimientos de Lucilo Rubio Rubio  (+1978) Josefa Saénz de Rubio (+1954) Cesáreo Saénz Calvo (+1949) María Rodríguez de Saénz (+1950)

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Textos y Fotos@Victor Guerra